viernes, 10 de febrero de 2012

EL EXITO Y LA VICTORIA EN EL DEPORTE

La mejor estrategia es aquella que nos lleva al mejor resultado posible. Los objetivos marcados a los jugadores siempre han de ser alcanzables, de lo contrario conducirán a la frustración del niño. En muchas ocasiones, sobre todo al jugar partidos, nos encontraremos ante rivales muy superiores a nosotros. El convertir el partido en un juego finito de suma cero, crearemos una situación estresante en la que la dificultad provocará el rechazo del niño.

Los éxitos en los niños no tienen que ser necesariamente victorias en competiciones impuestas desde el exterior. Si influenciamos en el niño de forma que él lo crea podríamos generar consecuencias de mayor gravedad que la propia competición. Según pasan los años, un concepto del éxito erróneo genera una presión en el niño que tardará en superar o lo conducirá al abandono.

No debemos de alimentar el miedo al fracaso aumentando las expectativas sobre las capacidades del niño, puesto que el desarrollo de sus habilidades se retrasará. La progresión de las habilidades del se logrará a través de variadas competiciones deportivas en las que se puedan formar grupos de competición orientados en los niveles; para el niño cuenta en primer lugar el éxito, sólo en segundo o tercer lugar valoran el tipo de competición (Hann, 1982).



Por todo ello, el entrenamiento con niños ha de estar en manos de lo que podríamos llamar un entrenador de rendimiento el cual, antes que la victoria a cualquier precio, buscará el incremento de los rendimientos individuales. La exageración de las pretensiones, sobre todo si están basadas en la victoria, puede llegar a propiciar comportamientos agresivos.

Consecuentemente la calidad de los entrenamientos se vería afectada negativamente puesto que para el niño primaría el resultado más que la práctica de la capacidad técnica para conseguirlo.

Aquí como en otras muchas cosas el fin no justifica los medios...